Los sesgos del inversor están acechando en tu mente. Si no eres capaz de detectarlos y evitar que te afecten, puedes dejar de ganar mucho dinero a largo plazo con tus inversiones, y puedes llevarte algún mal susto a corto plazo.
En este vídeo te hablamos de 5 de los sesgos del inversor más importantes. Veremos qué consecuencias tiene cada uno y te ayudaremos a identificar si te están afectando. Además, veremos qué puedes hacer para combatirlos y evitar que te jueguen malas, y muy caras, pasadas.
Vamos a entrar en materia. Que el mercado caiga no tiene por qué ser malo para ti como inversor, pero lo que sí es malo es lo que esa caída te hace sentir. Empezamos con uno de los sesgos más comunes y más caros: la aversión a la pérdida.
A la mayoría de inversores, una pérdida les duele más de lo que les alegra una ganancia parecida. Por ejemplo, si tu cartera cae un 20%, el mal cuerpo que te deja pesa más que la satisfacción de que suba un 20%. No es que seas poco racional, es algo muy humano. El problema es que puede salir muy caro.
La consecuencia típica de la aversión a la pérdida es vender parte de tus inversiones en el peor momento. Imagina que llevas años invirtiendo con disciplina y llega una caída fuerte. Abres la aplicación en el móvil y ves varios miles de euros perdidos en pocos días. Y piensas: como siga bajando, esto va a ser un desastre.
Decides vender para evitar males mayores. Guardas el dinero esperando a que pase la tormenta para volver a comprar. Pero un mes después el mercado rebota y te pilla por sorpresa. Esperas demasiado por miedo a entrar en un mal momento, y terminas comprando más caro de lo que vendiste. O peor, quizás te frustras y abandonas tu inversión para siempre.
¿Te afecta este sesgo? Para saberlo, piensa en lo que sientes cuando tu cartera cae. Por ejemplo, la caída de marzo y abril de 2020, ¿cómo fue para ti? ¿Te planteaste vender por si la situación llegaba a ser catastrófica? ¿Tu inversión te quitó el sueño por las noches? ¿Mirabas tu cuenta varias veces al día porque estaba cayendo, pero cuando sube no lo haces? Si respondes que sí a un par de estas preguntas, es probable que la aversión a la pérdida te afecte.
¿Qué puedes hacer para que te influya menos? Recuerda que es el sesgo más común y el que sale más caro. Lo mejor es tener por escrito tu plan de inversión, para poder leerlo en cualquier momento. Escribe qué activos compras, cuándo, para qué, y los casos exactos en los que venderías una parte de tu inversión. Si hay una caída y te dan ganas de vender pero tu plan dice que no deberías, sigue tu plan y todo irá bien.
Otra buena idea es eliminar el ruido. Cuando el mercado cae todo son predicciones alarmistas de cuánto puede llegar a caer, cómo de profunda podría ser la crisis económica. Lo mejor que puedes hacer es ignorar todo eso.
Y el último consejo es automatizar. Si tu inversión se hace mediante una transferencia mensual automática, seguramente no la vas a tocar. Si la haces de forma manual y la situación es mala, quizás te entren dudas. Cuanto menos tengas que entrar en juego, mucho mejor.
Hemos hablado de caídas del mercado, ahora hablemos de subidas. Inviertes en una empresa y sube un 20% en 3 semanas. Inviertes en otra y sube un 10% en 2 semanas. Sientes mucha seguridad, ves que puedes seguir ganando. Pues detrás de todo eso se esconde un sesgo muy peligroso: el exceso de confianza.
Imagina una inversora de 34 años llamada Laura. Lleva tiempo invirtiendo en un fondo, pero a principios de 2023 decide comprar acciones de NVIDIA porque ha oído que va a subir mucho. En pocos meses su pequeña inversión en NVIDIA se duplica.
Laura se viene arriba y decide invertir también en Microsoft. En apenas 2 meses ya está ganando más de un 15%.
Laura está que se sale. Tanto, que su confianza se pasa de la raya. Quiere seguir ganando y se fija en otra empresa con grandes expectativas: Tesla.
Invierte una cantidad grande a mediados de 2023, pero la acción empieza a caer. Pasan los meses y sigue cayendo, y Laura espera un rebote que no llega. En abril de 2024 su inversión en Tesla ha caído a la mitad, y con eso Laura ha perdido todo lo ganado con NVIDIA y Microsoft y mucho más. Termina vendiendo con pérdidas en el peor momento, un desastre.
¿Te afecta este sesgo? Te dejo aquí tres preguntas rápidas. Cuando te va bien, ¿piensas que es porque eres un inversor con buen olfato? Cuando tienes una buena racha, ¿sientes ganas de aumentar el riesgo de tus inversiones? Por ejemplo, comprando alguna empresa poco conocida. Cuando te va bien, ¿haces más operaciones que cuando te va mal?
Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas, te recomiendo que tengas cuidado con el exceso de confianza en una buena racha.
¿Cómo puedes evitar perder mucho dinero por culpa de este sesgo? Te doy dos trucos.
El primero es cortar por lo sano y decidir que no vas a invertir en empresas sueltas. Si inviertes de forma mensual en fondos de inversión diversificados es difícil que te vaya mal. Si no haces otro tipo de inversiones, evitarás entrar en una buena racha que active tu exceso de confianza.
Y el segundo truco es por si te gusta hacer ese tipo de inversiones. Consiste en definir por adelantado qué porcentaje de tu cartera puedes dedicar a apuestas arriesgadas. Imagina que es un 5%. Si de repente estás en racha y te dan ganas de invertir más, no deberías tener problemas si respetas ese 5%.
Si ganas dinero quieres ganar cuanto antes, y si pierdes dinero, cuanto más tardes en perderlo, mejor. Parece lógico, ¿verdad? Pues en realidad es una trampa que te hace perder dinero y que se llama efecto disposición.
El efecto disposición es la tendencia a vender demasiado pronto cuando vas ganando, y a mantener demasiado tiempo cuando vas perdiendo. Psicológicamente es más cómodo. Vender con ganancias te hace sentir que has triunfado, pero vender con pérdidas supone admitir que te equivocaste.
Imagina que a principios de agosto de 2025 compraste 5.000 euros en acciones de Apple. En apenas una semana tu inversión subió más de un 15%, decides vender y ganar 750 euros, no está nada mal en tan poco tiempo. Pero si llegas a esperar hasta final de año habrías ganado un 40%, o sea, 2.000 euros en 4 meses. El efecto disposición te ha costado más de 1.000 euros.
En el mismo momento decidiste comprar también 5.000 euros en acciones de Telefónica, que había subido con fuerza desde principios de 2025. Llega el otoño y la acción está cayendo casi un 5%. No es demasiado y confías en que se recupere, así que decides esperar. En noviembre cae con fuerza, y sigue cayendo. Llega 2026 y la caída supera el 25%, estás perdiendo más de 1.000 euros. Si llegas a vender con la caída del 5%, habrías perdido mucho menos.
Para saber si te afecta este sesgo, responde con sinceridad a estas dos preguntas. Cuando una de tus inversiones ha caído, ¿sueles pensar que venderás cuando vuelva a subir a tu precio de compra, como si ese número tuviera algo de mágico? Cuando revisas tu cartera de inversión, ¿te apetece más mirar las posiciones que están en positivo frente a las que están en números rojos?
Si has respondido que sí a alguna de ellas, seguramente te afecta el efecto disposición.
¿Y cómo puedes hacer que te afecte menos? Hay dos técnicas.
La primera consiste en fijar de antemano los motivos para vender una inversión, ya sea en ganancias o en pérdidas. Por ejemplo, puedes decidir comprar acciones de Google y mantenerlas de por vida si sube, y venderlas si cae hasta la mitad del precio en el que las compraste. Si fijas esos objetivos y los cumples, el efecto disposición no te traerá problemas.
La segunda técnica es dejar de fijarte en si estás perdiendo o ganando, y pensar en si comprarías esa inversión hoy, al precio actual. Si no la comprarías quizás conviene vender, y si la comprarías conviene mantenerla.
Vamos con el sesgo cuatro. Dicen que es mejor no ser la oveja negra de la familia, y que lo inteligente es mezclarse con la manada. Esto es buena idea en muchos ámbitos de la vida, pero en la inversión suele ser al revés. Es lo que llamamos efecto rebaño.
Consiste en hacer lo que hace la mayoría. Piensas que si lo hace todo el mundo, será por algo. Pero seguir al rebaño muchas veces te lleva a la boca del lobo.
Imagina un inversor de 38 años llamado Diego. A principios de 2021, su círculo cercano habla cada vez más de Bitcoin y las criptomonedas. Un amigo le enseña en su app cómo ha duplicado su inversión en Bitcoin en apenas tres meses.
Diego decide meter 5.000 euros en Bitcoin, que cotiza a 50.000, para probar y no perderse la oportunidad si todo se vuelve a duplicar. En pocos meses Bitcoin cae a la mitad. Luego, en otros cuatro meses está en máximos y roza los 60.000. Diego se ilusiona, pero Bitcoin empieza a perder valor y en 2022 cae por debajo de 20.000. Diego vende su inversión y pierde más de 3.000 euros. Esas pueden ser las graves consecuencias de seguir al rebaño.
¿Cómo puedes saber si te afecta este sesgo? Te dejo tres preguntas rápidas para averiguarlo. ¿Alguna vez has hecho una inversión solo porque ese activo estaba muy de moda en ese momento? Si tienes una inversión que tu entorno opina que no habría que hacer, ¿te surgen dudas y te cuesta mantenerla? ¿Alguna vez has invertido en algo sin entender muy bien lo que estabas haciendo solo porque varias personas de tu entorno habían invertido?
Si has respondido que sí a alguna de estas preguntas, confirmado: formas parte del rebaño, y puede tener consecuencias.
¿Qué puedes hacer para que no te afecte lo que hace tu entorno? Te dejo tres trucos.
El primero ya te suena, pon tu plan por escrito. Define en qué inviertes, cuándo, qué cantidad y por qué. Si lo tienes claro y por escrito, cuando tu entorno te incite a hacer algo, lee lo que escribiste. Si no encaja con tu plan, lo descartas.
El segundo truco también te va a sonar, y es automatizar. Si tu inversión se hace mediante una transferencia automática mensual, es menos probable que hagas algo que no te conviene.
El tercero en realidad no es un truco: es educación financiera. Si estás bien formado y bien informado, tendrás tu propio criterio y será mucho más difícil que el rebaño influya en tus decisiones.
Terminamos este listado con el sesgo de actualidad.
El sesgo de actualidad consiste en darle demasiada importancia a lo último que ha pasado. Si un activo sube, tenderás a pensar que va a seguir subiendo. Y lo mismo al revés. Es natural pensarlo, pero no refleja la realidad. Los mercados tienen la mala costumbre de cambiar cuando menos te lo esperas.
Imagina que estamos a principios de 2022. En 2021 el índice S&P 500 había subido un 20%. Todo parece mejorar después del peor año de la pandemia. El sesgo de actualidad te empuja y decides invertir 20.000 euros.
Pero malas noticias, resulta que 2022 no es un buen año. El S&P 500 cae un 15%. Todo apunta a que seguirá cayendo. De nuevo el sesgo de actualidad te la juega, vendes tu inversión y pierdes 3.000 euros.
Y malas noticias otra vez. En 2023 el S&P 500 sube casi un 20%. No vuelves a invertir por miedo… y el mercado sigue subiendo. Un gran desastre que te cuesta miles de euros.
¿Te está afectando este sesgo? Para saberlo te puedes hacer dos preguntas muy sencillas. Cuando todo sube, ¿sientes ganas de invertir porque piensas que seguirá subiendo? Y cuando todo cae, ¿quieres vender porque piensas que seguirá cayendo?
Si te pasa, el sesgo de actualidad te la puede estar jugando.
¿Y cómo lo puedes evitar? De dos maneras.
La primera es ampliar el zoom. Si tu inversión ha caído un 10% en los últimos tres meses, mira lo que hizo antes. Verás que el mercado cambia y que no puedes fiarte de la tendencia actual.
La segunda es tener muy claro tu horizonte. Si inviertes a largo plazo, una caída de unos meses no debería preocuparte. Tu objetivo está dentro de años, no dentro de semanas.
Te voy a mostrar ahora una checklist con los cinco sesgos que hemos visto. ¿Cuántos de ellos te afectan? Repásalos con calma, identifica cuáles te están afectando y aplica las técnicas que hemos visto. Son sencillas y te pueden ahorrar miles de euros.
¿Cuáles de estos sesgos te están afectando y cuáles tienes controlados? Cuéntanoslo en los comentarios.
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La mejor manera de evitar que los sesgos te afecten es tener buenos hábitos financieros y seguirlos con disciplina.
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