Después de la fuerte venta masiva de acciones, bonos y la mayoría de las otras clases de activos importantes este año, muchos inversores se encuentran en una complicada situación y todo parece estar algo fuera de control.

La lista de factores exógenos y macroeconómicos que explican esta situación es bastante amplia: la guerra en Ucrania, una crisis energética europea, una inflación vertiginosa, una desaceleración del crecimiento global, aparte de los impactos persistentes de los problemas en la cadena de suministro y las crecientes tensiones geopolíticas.

Absorbidos por los desafíos de este año, casi hemos olvidado los excesos que nos preceden: el frenesí de los inversores minoristas que hizo revalorizarse acciones meme como GameStop a niveles extremos, cómo llegó a haber 18 billones de dólares de bonos que se negociaron con rendimientos negativos, el auge de invertir en SPAC, criptomonedas… un escenario que llevó a muchos analistas a catalogar la situación como “Everything Bubble” (la burbuja del todo)

Sin embargo, este año han surgido enormes pérdidas en casi todo tipo de activos, mostrando lo peligrosas que pueden llegar a ser las manías especulativas, cuando el precio de un activo está completamente desacoplado de la realidad subyacente. Comprender qué está causando esto y qué podemos hacer al respecto, puede ayudarnos a mantener el control de nuestras inversiones y sobre todo de nuestras emociones, permitiendo que estemos mejor preparados para lo que pueda pasar.

Las caídas de la primera parte del año provinieron en gran medida de una contracción en las valoraciones de partes del mercado caras en relación con sus perspectivas de ganancias. De hecho, hemos llegado a ver la mayor compresión en las valoraciones desde 1975 explicada por el escenario de un nuevo ciclo de subida de tipos de interés, corrigiendo la mala asignación de recursos impulsada por las tasas de interés artificialmente bajas a las que hemos estado acostumbrados.

Todos somos muy conscientes de que los umbrales actuales de inflación no se han visto en varias décadas. El desafío para los bancos centrales ahora es volver a controlarla y acercarla al nivel objetivo del 2% sin comprometer en exceso el crecimiento económico. La principal herramienta de la que disponen es controlar el nivel de tipos de interés, y en este caso están endureciendo sus políticas monetarias aumentando los tipos de referencia y reduciendo la base monetaria. ¿Cuál es el problema? Los efectos secundarios de un período de políticas monetarias más restrictivas por parte de los bancos centrales pueden ser potencialmente dañinos para la economía pues el incremento del coste del dinero termina resintiendo la demanda.

Por lo que el comportamiento de los mercados ha comenzado a estar marcado por la constatación de que los bancos centrales, con sus actuaciones en materia de política monetaria, van a anteponer el control de la inflación al crecimiento económico, pudiendo provocar con ello la entrada en recesión de algunas de las principales economías. Estos miedos se han hecho sentir en el comportamiento de todos los activos financieros incrementando la volatilidad del mercado, siendo este primer semestre de 2022 el peor semestre para las acciones de mercados desarrollados en más de 50 años.

No solo eso, los mercados de renta fija también han experimentado uno de sus peores inicios de la historia sufriendo las mayores caídas desde máximos que se remontan a la década de 1970. Los rendimientos en todo el mercado de bonos han aumentado al ritmo más rápido en años, con la consecuente caída de los precios de los bonos. Por lo que esta correlación positiva entre bonos y acciones está provocando caídas abultadas para muchos inversores, sin conseguir la protección buscada en este tipo de activos, entendidos como más conservadores, sin compensar las pérdidas en activos categorizados de mayor riesgo ni sus volatilidades.

¿Tormenta perfecta? En tiempos como estos, es importante recordar que ser paciente y disciplinado en periodos de volatilidad del mercado, es uno de los principios fundamentales de la inversión a largo plazo, puesto que los mercados no solo se recuperan, sino que esto puede suceder cuando los inversores menos lo esperan. En tiempos tan “extraordinarios”, puede parecer que no es el momento adecuado para invertir, pero la verdad es que el momento adecuado no existe.

El mercado de valores sube y baja constantemente, y aunque esta volatilidad que estamos experimentando durante el 2022 puede parecer desalentadora, la realidad es que este tipo de escenarios lo que nos presentan son oportunidades inversión y evidencia más que nunca la importancia de la gestión activa.

La evidencia empírica nos muestra cómo la clave para obtener la rentabilidad deseada en el largo plazo no se basa en la búsqueda de momentos idóneos de entrada en el mercado o de venta en anticipación a posibles fuertes caídas, sino de todo lo contrario: mantener una inversión apropiada y eficiente el mayor tiempo posible ya que, cuanto mayor sea el periodo de inversión mayor es la probabilidad de que tu rentabilidad sea más elevada.

El argumento de que la generación de flujos de caja futuros hace que el entorno macroeconómico actual sea irrelevante, en nuestra opinión, y a pesar del contexto, sigue vigente y confiamos en estar bien protegidos pudiendo mantener un comportamiento relativo defensivo, pues el mercado recompensará primordialmente la estabilidad de las ganancias, la rentabilidad y las valoraciones.