Dejamos atrás otro año más, año en el que nuestras vidas han estado de nuevo marcadas por la presencia de una pandemia que apareció en ellas allá por marzo de 2020. Parece tan lejano, ¿verdad?, o quizás no tanto, según como se mire.

En mi caso particular, os escribo estas líneas desde la tranquilidad del confinamiento, pues recientemente me he sumado a la lista de caídos ante la nueva variante Omicron. Quien nos iba a decir a nosotros que, casi dos años después de la aparición del virus, todavía seguiríamos hablando de variantes, incidencias, PCRs y confinamientos, pero la realidad es la que es, y como tal hay que afrontarla, siempre tratando de mirar más allá.

Las circunstancias no las podemos elegir, como bien estamos padeciendo, pero lo que sí podemos elegir es la actitud con la que afrontarlas.

Allá por marzo de 2020 os escribíamos unas líneas tratando de valorar el impacto que la pandemia tendría en el valor de nuestros fondos, de las que me gustaría rescatar esta frase: “Evidentemente no sabemos cuánto tiempo van a durar las distorsiones causadas por el virus, ni los efectos a largo plazo en las pautas de comportamiento de las personas; algunas serán beneficiosas para nuestras compañías y otras perjudiciales. Probablemente no haya ningún impacto relevante a largo plazo.”

Pasados casi dos años, ya con la perspectiva que el paso del tiempo nos ofrece, podemos afirmar que el valor de nuestros fondos no se ha visto dañado de forma relevante por el impacto de la pandemia. En este punto, creo que es un buen ejercicio el hecho de hacer memoria, y tratar de recordar cuales eran nuestros sentimientos en ese momento. A mí personalmente es algo que me ayuda a valorar la importancia de la paciencia.

Antes de la aparición del virus, nosotros manejábamos unas valoraciones objetivo para nuestra cartera Internacional de en torno a 185€/participación, allá por febrero de 2020. A cierre de diciembre de 2021, casi dos años después, y todavía con la pandemia presente en nuestras vidas, dicho valor objetivo se sitúa prácticamente en 200€/participación.
Vemos por tanto que nuestras estimaciones sobre el valor conjunto de las empresas que tenemos en cartera no se han visto afectadas y de nuevo volvemos a corroborar que el paso del tiempo, de una forma u otra, va poniendo las cosas en su sitio. A la hora de elegir la actitud con la que afrontar las circunstancias que vamos enfrentando, desde Cobas lo tenemos claro, elegimos la paciencia. Y el optimismo.

Con la perspectiva que nos ofrece el tiempo y una actitud paciente y optimista, dejamos atrás un año de recuperación económica tras el impacto de la pandemia. Un año continuista en las políticas monetarias ultra expansivas de los bancos centrales, que vienen provocando un exceso de liquidez en el sistema que posiblemente esté afectando a las valoraciones de según qué activos, dejándonos un mercado bastante polarizado.

Este exceso de dinero en circulación nos está dejando varios desajustes económicos, habiendo uno que en mi opinión sobresale por encima de todos los demás, la inflación. El exceso de liquidez en el sistema, unido a la fuerte recuperación de la demanda agregada de bienes y servicios, nos ha puesto sobre la mesa un escenario inflacionista que nos obliga a defender nuestro patrimonio contra la pérdida de valor de la moneda. Como ejemplo del impacto de la inflación en nuestros ahorros basta con los últimos datos oficiales publicados que sitúan a la inflación en entornos del 6-7%, cifra máxima de los últimos 30 años.

Centrándonos en el impacto en Cobas, esta inflación ha sido muy visible en un sector al que tenemos una exposición relevante como es el de la energía. El repunte en los precios del petróleo y del gas, principales apuestas de nuestras carteras, parece que empieza a poner de manifiesto el problema de oferta que nosotros venimos observando desde hace unos años y sobre el que venimos apostando pacientemente gracias a vuestra confianza, que nos ha permitido mantener la cartera estable a pesar de las caídas de estos años.
En este sentido, recomiendo este artículo, portada hace unos días de la famosa revista semanal estadounidense Barron’s, que se hace eco de los efectos de la inflación sobre las materias primas, titulado “Why it’s time to invest in commodities, and how to do it”.

Igualmente, el resto de la cartera se ha protegido de forma razonable, ya que son negocios con capacidad de ajustar el precio y la retribución de los factores de producción, adaptándose a la nueva situación.

Más allá de nuestras compañías vinculadas a energía y materias primas, ejemplos como el de Aryzta, cuyo crecimiento orgánico en los últimos trimestres demuestra que los problemas derivados de la pandemia van quedando atrás; Currys Plc (antigua Dixons Carphone) doblando ventas y anunciando un programa de recompra de acciones (programas que estamos viendo en otras compañías como IPCO o International Seaways recientemente, y que suponen muy buenas noticias); o Babcock, demostrando una muy buena ejecución en su programa de revisión de balances y desinversiones, nos muestran como las compañías van dando pasos en la buena dirección. Ya en diciembre recibimos la noticia de que Golar LNG firmaba un acuerdo de términos para separar su negocio de buques de transporte de gas natural licuado, uno de los hitos que contemplamos en el desarrollo de la tesis. Las empresas son procesos complejos afectados por una infinidad de interrelaciones a todos los niveles, y como tal necesitan tiempo para que tales procesos lleguen a buen puerto. Pensamos que navegamos en la buena dirección.

Observamos también otras situaciones bastante extremas, por decirlo de alguna forma, en los mercados, y que posiblemente vengan derivadas de este exceso de liquidez en el sistema.

En 2021 la renta variable ha atraído unas suscripciones netas de 800.000 millones de euros, cifra incluso superior a las suscripciones netas que registran los fondos de renta variable, en conjunto, desde 2002 a 2020. Impactante, ¿verdad? Así mismo, hemos visto como se ha disparado el Enterprise Value (capitalización más deuda) de las compañías con un EBIT o Beneficio Operativo menor a los gastos por intereses, o como el Nasdaq sigue moviéndose en niveles cercanos a máximos históricos, a la vez que casi un 40% de las compañías que componen el índice cotizan estos días en torno a un 50% por debajo de sus máximos de 52 semanas.

En definitiva, situaciones anómalas que observamos, de las que tratamos de protegernos de una forma u otra y que, en cualquier caso, nos sirven como referencia para tomarle el pulso al mercado, para saber en qué aguas nos movemos.

Dejamos por tanto atrás un año que refuerza nuestro proceso inversor, y lo hacemos con un profundo conocimiento de nuestras inversiones y la mayor de las convicciones en que este año que comienza marque el inicio de una muy buena evolución de nuestros fondos.

A pesar de los recientes temores que el mercado viene mostrando a la nueva variante Omicron creemos, nuevamente, que su impacto será limitado. Independientemente de lo que haga el mercado en el corto plazo, hay que recordar que desde nuestro punto de vista la generación de caja es el único factor que cuenta en la evolución del precio de las acciones a largo plazo.