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Selección, diversificación, prudencia, paciencia y perseverancia

Algunas Fundaciones también invierten su patrimonio en fondos de renta variable, como la Fundación Carmen Gandarias, que en los últimos 24 años ha obtenido una rentabilidad del 489% para poder realizar acciones sociales.

21 · 03 · 2018
CARLOS Abuin Iglesias

3 minutos

Nos hemos animado a escribir un artículo en este blog para explicar por qué una fundación privada familiar ha decidido invertir en los fondos de renta variable de Cobas. Si tuviéramos que responder a esta pregunta de forma breve, la respuesta sería que es lo que llevamos haciendo desde hace 75 años…

Permítanme presentarnos y hacer un poco de historia. Represento a la Fundación Carmen Gandarias, institución que tengo la fortuna de dirigir desde hace 24 años. Con sede en Bilbao, la Fundación es una entidad privada, dedicada a ayudar a entidades sin ánimo de lucro que trabajan en favor de los sectores más desfavorecidos de nuestra sociedad, financiando las iniciativas sociales de dichas entidades.

Nuestros ingresos proceden exclusivamente de los rendimientos del patrimonio propio de la Fundación, sin recibir fondos de terceros, ni públicos ni privados. Por tanto, nuestro trabajo consiste, básicamente, en invertir los activos de la Fundación de forma que crezcan en valor con el paso del tiempo y que todos los años produzcan los ingresos suficientes para poder cumplir nuestro fin fundacional. Aportamos soporte económico a muchas instituciones sociales.

Muchas veces nos han comentado “…cuando tomáis decisiones de inversión de los activos de la Fundación seréis muy conservadores…” a lo que solemos contestar “…por supuesto, nosotros somos muy prudentes en todas las inversiones que realizamos, por eso invertimos casi todo el patrimonio de la Fundación en renta variable a largo plazo…”.

En realidad, nuestra política o estilo de inversión del patrimonio financiero no la hemos establecido los actuales gestores de la Fundación, sino que es algo que ha venido heredado de la familia Gandarias, que venía haciéndolo desde el segundo tercio del siglo XX.

Con origen en la vizcaína villa de Portugalete, Alejandro Gandarias (padre) y sus hermanas heredaron el negocio de las florecientes y ricas minas de hierro de Vizcaya, explotando sus yacimientos en las décadas de los años 20, 30, 40 y 50 del siglo pasado.

Con visión de inversor que busca valor a largo plazo, la familia Gandarias fue tomando participaciones accionariales, tanto en empresas consolidadas, como nuevos proyectos empresariales, participando, si era oportuno, en la gestión de las empresas en las que invertían.

La familia Gandarias compatibilizó su actividad empresarial con una intensa labor filantrópica, apoyando principalmente a instituciones que ayudaban a personas en situación de necesidad. Algunos frutos de esta acción son las importantes aportaciones a la Cruz Roja de Vizcaya, al Hospital Civil de Bilbao, a la Casa de Misericordia de Bilbao, al asilo San Juan Bautista de Portugalete o las misiones sociales de la Congregación del Amor Misericordioso.

Por avatares de la vida, Carmen Gandarias fue la última persona viva de esta familia que hoy en día se ha extinguido. Previendo esta situación con antelación, la señora Gandarias creó en vida la Fundación que lleva su nombre, con el objetivo de que continuara realizando la labor social que su familia y ella realizaron durante décadas, de modo que, a su fallecimiento, entregó su fortuna a la Fundación. De esta forma, se aseguró que su labor filantrópica tendría continuidad, a través de un vehículo legal y un patrimonio al servicio de este fin social.

La Fundación ha donado el equivalente al 250% del legado de Carmen Gandarias gracias a las inversiones

Lo que la Fundación recibió en 1994 fue un patrimonio, principalmente, financiero, formado por participaciones en acciones cotizadas en bolsa, casi todas ellas españolas. Es por lo que decía, que nuestro estilo de inversión ha venido heredado de nuestros fundadores, de modo que lo que hemos hecho en los últimos 24 años es profundizar y tratar de mejorar la misma política de inversión de valor.

En la actualidad, aparte de inversiones en renta fija y varios fondos de gestión alternativa y capital riesgo, el grueso de nuestras inversiones sigue siendo renta variable, con 38 posiciones directas en estos momentos, de las que 28 son empresas extranjeras y 10 españolas, las cuales, a su vez, tienen una media de más del 70% de sus ingresos fuera de España. El esfuerzo diversificador sectorial y geográfico de estos años ha sido importante.

Seguramente podríamos haber hecho algunas cosas mucho mejor y, por supuesto, también hemos cometido errores a lo largo de los años, pero, la valoración global creemos que es positiva: desde 1994 a 2017 (24 años) hemos conseguido que el valor del patrimonio de la fundación se incremente casi un 500% (489%) y además, hemos destinado a donaciones directas a entidades que ayudan personas necesitadas el equivalente al 250% del patrimonio que nos dejó nuestra fundadora en herencia, es decir, 2,5 veces la dotación patrimonial inicial, que ha sido entregada en ayudas.

No somos ni mejores gestores ni más inteligentes que otros; simplemente nos hemos guiado por principios de inversión que tenemos muy interiorizados, que coinciden con el estilo de gestión value: buen proceso de selección de inversiones, diversificación, paciencia y perseverancia en momentos de volatilidad y caídas; huir de las inversiones de moda; vender activos cuando éstos han alcanzado su pleno valor, sin enamorarnos de las inversiones, etc.

Sólo nos separa una cuestión metodológica de Cobas: generalmente, nosotros buscamos inversiones con rendimiento explícito, que nos permitan generar ingresos para poder cumplir nuestro fin fundacional, y Cobas no ofrece una clase de fondo de distribución de dividendos, son todos ellos acumulativos. Dado que tenemos que velar por el equilibrio entre revalorización del patrimonio y rendimiento de la cartera, en el caso de Cobas hemos dado preferencia al factor crecimiento frente al dividendo.

Para terminar, nos gustaría compartir una breve reflexión con ustedes sobre estilos de filantropía. La obra de la señora Gandarias es un ejemplo de la capacidad de ayuda que tiene a largo plazo un patrimonio adecuadamente invertido. A la hora de abordar una obra filantrópica pensemos en la potencia que, en un horizonte temporal amplio, tiene la opción de destinar a ayudas el rendimiento del patrimonio donado, mientras dejamos que el capital invertido vaya creciendo.

En España hay pocas fundaciones privadas patrimoniales, pero esta forma de filantropía se halla muy extendida entre grandes capitales más allá de nuestras fronteras, especialmente en Estados Unidos.

El escritor argentino Andrés Rivera dijo: “Estoy convencido de que ningún libro, por bueno que sea, puede cambiar el mundo. Pero tengo que escribir.” Nosotros también estamos convencidos de que no vamos a cambiar el mundo, pero estamos seguros de que, con trabajo, ganas e ilusión, podremos hacer de él un lugar un poco mejor.

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