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La “revolución” de la inversión de impacto

Generar una nueva categoría de empresas autosuficientes, prósperas y beneficiosas para sí mismas y para toda la sociedad.

11 . 10 . 2019
JOSÉ MANUEL Pérez-Jofre

3 minutos

El pasado 10 de junio, España firmó su adhesión al Global Steering Group, un grupo independiente que tiene como objetivo potenciar globalmente la Inversión de Impacto. Cuenta actualmente con la adhesión de 23 países, además de la UE y está presidido por Sir Ronald Cohen, socio y fundador de Apax desde 1972 y pionero del Venture Capital.

La adhesión de España supone la culminación de un proceso iniciado en 2018 por Foro Impacto. Con ese motivo, Foro Impacto, junto con el despacho de abogados Cuatrecasas, organizó un encuentro presidido por el propio Ronald Cohen. Tuve la satisfacción de participar en dicho encuentro en representación de Open Value Fundation, fundación familiar que impulsa y difunde un modelo híbrido de filantropía e inversión de impacto para mejorar la vida de las personas más vulnerables.

Durante el mismo, Sir Ronald Cohen hizo una presentación de su libro “On Impact, a guide to the impact revolution”. En él describe de manera clarísima, sucinta y sugestiva, los principios y objetivos de este movimiento que define como Inversión de Impacto.

Su planteamiento parte de una realidad innegable, la existencia de dos grandes problemas que los seres humanos deberíamos solucionar:

  • El creciente deterioro medioambiental
  • Las desigualdades que afectan a colectivos desfavorecidos

Dentro de los primeros se encuentran todos los relativos a sostenibilidad, gestión de residuos, emisión de gases tóxicos, deforestación, contaminación, etc. Es decir, problemas que afectan a la humanidad en su conjunto.

Dentro de los segundos, se encuentran todos los que afectan a determinados colectivos, como son el analfabetismo, el hambre, la insalubridad, la represión política o social, la desigualdad económica, la exclusión, la desigualdad de género, la explotación infantil, etc.

Son problemas que en buena parte están creados por el propio sistema económico -el capitalismo- y el objetivo de maximización del beneficio que preconiza. Sistema que, en palabras del autor, aunque nos ha servido bien los últimos 250 años, ahora necesita un cambio radical.

Tradicionalmente, la ayuda a los desfavorecidos ha sido función del sector público, junto con iniciativas privadas -filantrópicas- actuando a través de la caridad asociada a las fundaciones o, de manera general, a las organizaciones sin ánimo de lucro. Dado el carácter esencialmente marginal de la caridad privada y su escasa capacidad de crecimiento autónomo, ya que depende de las donaciones, el autor defiende un nuevo planteamiento para la ayuda: que el concepto de lucro pueda unirse al concepto de ayuda a los demás, que una empresa pueda hacerlo bien -ganar dinero- y al mismo tiempo, hacer el bien -ayudar a los demás, tener un impacto social o medioambiental-.

Empresas con ánimo de lucro y un propósito

La propuesta de Sir Ronald Cohen se basa en una idea sencilla e innovadora: acabar con la dicotomía entre empresas sin ánimo de lucro (que buscan el bien social) y empresas con ánimo de lucro (que buscan el beneficio económico). Para ello se quiere potenciar un cambio de mentalidad, una “revolución” que permita incluir junto al objetivo de beneficio, el objetivo de producir un impacto, una mejora, ya sea de un colectivo desfavorecido, ya de la sociedad en su conjunto.

La forma de conseguir el desarrollo e implantación de este tipo de empresas, “empresas con ánimo de lucro y un propósito” pasa por varias medidas de tipo instrumental:

  • Hacer totalmente medible el impacto.
  • Definir los estándares de contabilidad del impacto.
  • Construir, dentro del mundo de la inversión, la idea de resultado ajustado por riesgo y por impacto.

Lo que plantea como una evolución lógica: inicialmente se medía el resultado absoluto de las inversiones. La evolución de la teoría financiera llevó al concepto de resultado ajustado por riesgo. Este nuevo paso nos llevará a resultado ajustado por riesgo y por impacto. Para que esto sea posible es necesario tener una capacidad de medición y estandarización de medidas y reportes de impacto, de la misma manera en la que los estándares de contabilidad posibilitaron la medición y comparación de resultados económicos de distintas empresas.

Mediante esas dos sencillas ideas prácticas -la capacidad de medición del impacto, el hecho de que nos enfoquemos en resultados y no en actuaciones, y la combinación del ánimo de lucro, con un objetivo social o medioambiental, materializado en las “empresas con ánimo de lucro y un propósito”- se puede ayudar a dar curso a una tendencia que ya existe y con muy diferentes nombres, propuestas y desarrollos. Una tendencia que expresa claramente una realidad: que en la mentalidad de consumidores, votantes, empresas y reguladores se está instalando, cada vez con más fuerza, la conciencia social y medioambiental, la preocupación por ayudar a los demás y ayudarnos a nosotros mismos, la voluntad de actuar en favor de los demás y de tener impacto.

Esto permitiría, mediante la alineación de todos (consumidores, empresas, trabajadores, proveedores, votantes y reguladores) generar un nuevo sector de empresas autosuficientes, prósperas y beneficiosas para sí mismas y para toda la sociedad.

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