FILOSOFÍA DE INVERSIÓN

Propietarios de empresas, no dueños de papel

Ser inversor en acciones, aunque a veces se olvide, es ser propietario de empresas.

25.03.2022
FERNANDO Solís
Relación con Inversores

5 minutos

Ser inversor en acciones, aunque a veces se olvide, es ser propietario de empresas. Pues las acciones cotizadas, no dejan de ser una parte alícuota de un negocio. Esto requerirá una paciencia que el mercado no se cansará de probar. Por lo que ser propietarios de negocios nos permitirá proteger y aumentar nuestro poder adquisitivo.

Esto se explica gracias a la propia naturaleza de las compañías que poco a poco van creciendo y generando cada vez más beneficios. Al final se trata de participar en sectores de la economía que se benefician del crecimiento económico, a través de la riqueza que crean las compañías.

En Cobas se analiza todo el ecosistema de las compañías en detalle. Analizamos el grupo de accionistas, sus clientes, los riesgos, la financiación, los proveedores… y todo esto nos permite darles un valor determinado a las compañías de la cartera. Cada compañía tendrá sus propias características y todas ellas son las que hay que estudiar.

El equipo de inversión se dedica a estudiar y a pensar sobre ese valor. Los mercados eficientes en el largo plazo presentan ineficiencias en el corto. Su trabajo es encontrar la diferencia entre precio y valor que mayor margen de seguridad tenga y mejor combinación riesgo beneficio nos pueda aportar.

Las características de las que hablábamos antes deben ser estudiadas por el equipo. Algunos ejemplos serían: cómo generan sus beneficios, si estos son recurrentes o cíclicos, sí tienen una ventaja competitiva o no, si hay un equipo directivo y dueño alineado con el resto de los accionistas, si tienen una buena relación con los proveedores, si tienen unas marcas reconocidas y un largo etc.

Dentro de cada una de estas patas, podríamos definir por compañía ideal aquella que tiene ventajas competitivas que sus clientes valoran bien, que tiene caja neta o un endeudamiento controlado, que tiene capacidad para mantener o aumentar su generación de flujos de caja, que tiene una familia o dueño de control y que genera un retorno sobre el capital empleado alto. Todo esto con un valor superior a su precio en bolsa.

Vamos a desgranar o uno a uno los factores que nos gustan de la compañía ideal, para ver cómo nos aportan de forma individual y colectiva valor a la compañía. Las ventajas competitivas son esas cualidades que permitirán tener a la compañía una mejor posición contra la competencia. Esto permitirá a la compañía tener una clientela fiel a la que poder ir subiendo los precios y obteniendo un buen margen de beneficios.

Esto nos ayudará a su vez a tener un FCF (Free Cash Flow o flujo de caja libre) cada vez más recurrente y creciente si estas ventajas son realmente reconocidas y superiores a las de su competencia, pudiendo estimar y predecir de una manera más fácil lo que generará el negocio y por ende el valor de este. El FCF es la capacidad de generar caja a largo plazo que tienen las compañías y lo que en definitiva determinará el valor de la compañía, ya que es esto lo que produce el negocio y podrán recibir los accionistas en última instancia.

Además, la generación de caja servirá a la compañía para tener un balance saneado e incluso una posición de caja neta, lo que aportará robustez al negocio permitiéndole afrontar cualquier eventualidad, sin tener que recurrir a ampliaciones de capital o mal ventas de activos.

Pero para ello deberá tener un buen ROCE o retorno sobre el capital empleado, es decir, que las empresas en las que invertimos sean capaces de generar rentabilidad. El ROCE es una ratio contable, que es generalmente utilizada para medir la capacidad que tiene el negocio de generar rentabilidad. En Cobas es una estimación propia que calculamos dividiendo el resultado operativo normalizado en base a estimaciones propias, después de impuestos, entre el capital empleado (ex – fondo de comercio) para ver la rentabilidad intrínseca del negocio.

Esto nos sirve para ver cuanto genera nuestro negocio, mientras esperamos a que el mercado reconozca su verdadero valor. Cuanto más alto sea, más valor se embalsará a la espera de que el mercado reconozca lo que realmente vale la compañía. Esto es fundamental, ya que nos evitará caer en trampas de valoración y además será una espera que merecerá la pena.

Otro factor que valoramos mucho en Cobas es que haya un grupo de control detrás. ¿Por qué es esto relevante? Pues porque esto asegura que haya una alineación de intereses. El grupo de control siempre va a mirar por tomar las mejores decisiones para la empresa ya que eso acaba revirtiendo en su propio beneficio y asegura un control sobre la toma de decisiones del equipo gestor.

Por tanto, en la búsqueda de esa compañía ideal, queremos encontrar una que como se suele coloquialmente decir sea buena, bonita y barata. Pero como es evidente nadie ofrece duros a pesetas y normalmente algo pasa para que cotice con descuento sobre su verdadero valor.

Las razones pueden ser infinitas, pero por mencionar algunas de las más frecuentes, es posible que la compañía sea una desconocida del mercado, que no la cubra ningún analista, es posible que sea muy pequeña o no tenga mucha liquidez. También podremos encontrar factores más exógenos a la misma, como que el sector este en un momento bajo del ciclo industrial, o que haya habido un pánico generalizado en el mercado y simplemente todas las compañías hayan visto sus cotizaciones caer.

También habrá que analizar los posibles riesgos, sí la corrección exagerada no lo era tanto y sí realmente la compañía tenía motivos para valer menos en el mercado, o sí el sector nunca más se recuperará del declino porque sus servicios o productos han quedado desfasados.

Todo esto para poder saber y estimar el valor de las compañías en las que invertir. Esto parece al alcance de cualquiera que le quiera dedicar el tiempo suficiente y sepa contabilidad. Efectivamente es la parte “sencilla” por decirlo de alguna forma, ya que el éxito o acierto en esta parte vendrá determinado de las capacidades propias. Sin embargo, hay alguien que está dispuesto a retar cada una de las convicciones a las que hemos llegado.

Ese alguien es el mercado. El principal riesgo de un inversor en bolsa es la incapacidad de abstraerse del ruido diario del mercado y acabar tomando decisiones impulsadas por las emociones, sin valorar si las oscilaciones del mercado están justificadas o no.

Recibir todos los días un precio por nuestras compañías es algo que no es fácil, ya que habrá momentos en los que el mercado nos las ofrezca a un precio ridículamente bajo, el que no debemos temer, sino revisar y ponderar detenidamente las razones por las que el mercado está dándole ese precio a nuestras compañías.

Elaborar un resumen de lo que se hace o el proceso puede parecer simple, ya que, al final el proceso inversor en Cobas está asentado en el sentido común. Pero, aunque suena sencillo, realmente es complicado ya que solo el 6% de los inversores consigue batir al mercado de una forma consistente. El rendimiento vendrá de la paciencia que se esté dispuesto a poner en la ecuación. Esto no es por un mero capricho del mercado, simplemente atiende a la naturaleza propia de las empresas.

Las compañías, como bien sabrán los que trabajan en una, evolucionan poco a poco. Las cosas no ocurren de la noche a la mañana, una nueva línea de negocio no surge o resulta rentable el primer día que se inicia. Una fusión lleva tiempo absorberla y clarificar cuan beneficiosa ha sido. Reducir o vender una de las líneas de negocio o reducir costes son decisiones difíciles de asumir y que tampoco se llevan a cabo en un día.

Al darnos de forma diaria un precio sobre el valor de nuestras compañías en cartera, el mercado juzga a corto plazo circunstancias que afectan en el largo plazo, otorgando al inversor paciente la oportunidad de aprovechar el momento o de probar si realmente tiene convicción sobre sus tesis.

Por último, después de haber analizado cada compañía llega el momento de realizar la inversión. Como el proceso de conocimiento es algo que se va desarrollando con el paso del tiempo, la evolución natural de una compañía en la cartera será poco a poco ir escalando puestos en el peso asignado. Esto será en función de cuando se vaya generando más convicción según aumenta el conocimiento de la empresa.

La asignación de pesos en la cartera obedece a una combinación de la convicción sobre la capacidad de generación de caja futura, la seguridad de estos, el margen de seguridad que tiene la tesis y la rentabilidad esperada a largo plazo. Siempre con el objetivo de generar un retorno atractivo que como decíamos al principio nos permita proteger nuestro poder adquisitivo.

Esos retornos los podremos recoger de diversas maneras, la más obvia será la revalorización de la cotización. Los dividendos o las recompras de acciones nos servirán como una forma adecuada de retribución al accionista si se ejecutan en los momentos adecuados. Y, como siempre, el pago de la deuda nos permitirá repartirnos los beneficios entre los accionistas y compartir menos de esos beneficios con los bancos…

En definitiva, podríamos decir que lo que busca el equipo de inversión es comprar por menos de lo que valen los negocios y esperar a que el mercado reconozca lo que realmente valen. Con un equipo directivo alineado y unas ventajas competitivas que permitan generar valor a largo plazo.